
Sí, no todas son rosas en la vida. Somos grandes. Lo sabemos. Tenemos que aceptarlo. Sabemos que somos seres mortales. Que estamos acá de paso. Que nos podemos ir en un segundo. Que nadie sabe el día ni la hora. Que “no somos nada”. Que “valemos tan poco”. . .
Pero, ¿Y si no era ni el día ni la hora, sino que un p*****jo borracho corriendo picadas, decidió que era lindo correr como loco por la ruta y estamparse contra quien pasara por allí en ese instante, arráncandoles la vida, la felicidad, la esperanza?
¿Hay que aceptarlo?
¿Aceptar que mató a una maravillosa persona, madre de dos hijas adolescentes? ¿Aceptar que estuvo sólo dos días preso y salió libre porque es de familia “bien” y pariente de “importantes”?
Esas dos hijas quedaron sin madre, sin casa, sin ayuda y sin alegría. Y el culpable, libre. Esto es algo que me indigna, que me deja anonadada, me hace un nudo en la garganta y me lleva a preguntarme cuántos de estos casos más habrá… Argentina, país generoso, injusto y asquerosamente corrupto…
(para Livia, Vero, Laura y flia y en memoria de Rosa)